
|
Problemas de Conducta
BOLETIN Nº 15
PROBLEMAS DE CONDUCTA, DESARROLLO Y MANEJO DE LOS NIÑOS CON
ESCLEROSIS TUBEROSA A LOS 5 AÑOS DE EDAD.
POR ANN HUNT.
A principios de 1980, recibí una beca de la Fundación Simón
Yudkin para estudiar los problemas a que se enfrentaban las familias con
hijos afectados de E.T.. Ello me permitió recorrer el país
entrevistando a los padres de 90 niños, casi la mitad de las 200
familias que la T.S.A. conocía por aquella época. La edad
de los niños oscilaba entre los 5 meses y los 18 años y
la mayoría estaban gravemente afectados por la E.T..En 1983, la
Dra. Dennis se sumó al estudio, financiado por la T.S.A. (Asociación
de Esclerosis Tuberosa), de los historiales médicos de los niños
y se hizo un seguimiento de éstos hasta que cumplieron los 5 años.
En las primitivas entrevistas me había centrado en el comportamiento
de los niños, ya que sabía por otros trabajos anteriores
de investigación (Hunt,1983) que esto era lo que más preocupaba
a los padres. Aunque a los padres los médicos les ofrecen consejos
sobre epilepsia, los problemas de conducta son ignorados a menudo por
los pediatras, que prefieren abordar los síntomas clínicos,
más definidos, de este trastorno. Fruto de ese estudio fue la publicación
en 1897 (Hunt y Dennis ) de un artículo sobre la alta prevalencia
del autismo y la hiperactividad.
No obstante, en las entrevistas y estudios de los historiales se había
recogido una ingente cantidad de datos sobre los efectos de la E.T. y
la Dra. Dennis y yo organizamos esos datos en un "Perfil personal"
para cada niño en el que se recogían, para cada año
de la vida del niño, sectores que abarcaban los signos y síntomas
físicos, crisis, comportamiento, desarrollo, medicación
y estudios. Este método sin precedentes nos permitió controlar
cómo progresaba cada niño, pero también permitió
estudiar qué estaba ocurriendo en todos los sectores a una edad
determinada, en este caso, a los 5 años y compararlo con el grupo
entero de niños. Se eligió como punto de referencia los
5 años, pues en Inglaterra es la edad oficial para iniciar la escolaridad
completa y constituye por tanto, una divisoria social para los niños
con necesidades especiales. Permite también hacerse una idea más
clara de las necesidades de los niños con E.T.y sus familias en
comparación con niños normales y también con otros
con déficit mental.
Desgraciadamente pasó el tiempo y no resultó posible publicar
el resto de los datos antes de que "expirara el plazo" previsto
para la investigación científica. Pero yo opinaba que los
padres que me habían dado su tiempo tan generosamente en las entrevistas
y la T.S.A., que me había financiado, merecían un informe
sobre los resultados, aunque sólo fuera para comparar a sus hijos
con otros niños de 5 años. El tratamiento de la E.T. ha
cambiado muy poco en 10 años, los pediatras siguen pensando que
" conocen" la E.T. porque lo han leído en un libro junto
con centenares de otras enfermedades.
Pero "conocer" en el sentido académico no puede sustituir
nunca a "conocer" por experiencia directa, e incluso tratar
los síntomas por separado no siempre lleva a comprender la totalidad
de la enfermedad.
La dura escuela de la vida significa que la mayoría de los padres
"saben más de la E.T. que lo que unos profesionales, siempre
escasos de tiempo, puedan aprender. Espero que este Boletín, basado
en la información aportada por los padres, pueda allanarles el
camino a los profesionales deseosos de ampliar sus conocimientos superando
las barreras de su formación.
INTRODUCCION Y METODO
Aunque se entrevistaron 90 padres, sólo disponemos de historiales
completos con información sobre los niños de 5 años
para 88 de ellos. Este Boletín trata de las aptitudes y discapacidades
de 88 niños con 5 años y se describen aspectos de desarrollo,
conducta y dependencia que ofrecen un panorama sobre los niños
de esa edad. Los problemas de manejo que provoca la asistencia familiar
y escolar de los niños, el tiempo necesario para alimentar, asear
y vestir a un niño y la energía necesaria para afrontar
una conducta permanentemente perturbadora son descripciones importantes
de cómo un niño discapacitado afecta al equilibrio de una
familia ( Wilkins, 1979). Si el niño no está durmiendo bien,
la energía de los padres puede verse también minada por
noches en vela y no sólo una noche, sino meses y años seguidos.
Una vez efectuados los perfiles personales de los 88 niños, fueron
clasificados en uno de los cuatro grupos según sus aptitudes en
la gama de los sectores de desarrollo mental general, técnica de
motricidad grosera, habilidades lingüísticas, elementos de
dependencia, comportamiento perturbador, alteración del comportamiento
y problemas totales de manejo.
En los historiales había muy pocos test de desarrollo normalizados,
lo que resulta de por sí alarmante. De forma que, por las inscripciones
escolares se sacaron conclusiones a cerca del desarrollo mental general
y se dio por supuesto que los niños matriculados en escuelas públicas
habían tenido un desarrollo normal. De un modo similar, se supuso
que los niños con dificultades de aprendizaje moderadas y severas
estaban correctamente inscritos en escuelas especiales.
A los padres se les propuso si los niños estaban en aulas especiales
de escuelas para subnormales severos y este dato constituyó un
cuarto factor de medición de retraso en el desarrollo. La clasificación
de las escuelas en escuelas normales, ESN (M) moderadas y ESN (S) severas
que se utilizaba en 1980 es la que se ha mantenido aquí.
La información sobre capacidad motora grosera y capacidad de lenguaje
a los 5 años fue extraída de las gráficas sobre perfil
personal elaboradas a partir de los datos de los historiales y alguna
vez, de las descripciones efectuadas por los padres en las entrevistas.
La información sobre dependencia y el nivel de independencia en
aptitudes de auto asistencia fue sacada de las entrevistas con los padres.
A éstos se les preguntó cuándo habían alcanzado
sus hijos ese nivel y si lo habían alcanzado. Si los niños
tenían más de 5 años y aún no se alimentaban,
aseaban, ni vestían solos, se daba por supuesto que esas capacidades
no estaban presentes a esa edad, a menos que existieran antecedentes contrastados
de pérdida de adquisiciones. De forma similar, la mayor parte de
la información sobre comportamientos que perturban la vida familiar
se recabó de las preguntas concretas formuladas en la entrevista.
Tales comportamientos eran trastornos del sueño, conductas imprevisibles
y desinhibidas que exigen una vigilancia constante del niño y comportamientos
asociales o inconscientes que dificultan sacar al niño a la calle.
Los trastornos de la conducta observados como autismo, hiperactividad
y agresividad, si se dan de forma aislada, pueden provocar dificultades
familiares, pero si se dan asociadas, ocasionan grandes problemas.
Las puntuaciones logradas por cada niño en los apartados de dependencia,
conducta y trastornos psiquiátricos se suman para dar una cifra
de manejo total entre 3 y 12. A los que obtuvieron 3 se les asignó
el código 1 de problemas; a los que sumaron de 4 a 6, el código
2; a los que sumaron de 7 a 9, el código 3 y a los que sumaron
de 10 a 12, el código 4. En el cuadro 1 se muestran los criterios
para asignar los códigos específicos.
CUADRO 1
Códigos utilizados en el estudio de niños con Esclerosis
Tuberosa.
|
|
CODIGO 1
|
CODIGO2
|
CODIGO3
|
CODIGO4
|
|
GRAVEDAD DEL PROBLEMA
|
Ninguna
|
Moderada
|
Grave
|
Muy Grave
|
|
DESARROLLO MENTAL GRAL.
|
Escuela normal
|
ESM(S)Aula normal
|
ESM(S)Aula especial
|
ESN(S)
|
|
CAPACIDADES MOTORAS
|
Puede correr y andar
|
Puede andar inseguro; no puede correr
|
No puede andar pero tiene movilidad autónoma
|
No puede andar ni tiene movilidad
|
|
LENGUAJE NORMAL
|
Aparentemente
|
Algunas frases con sentido
|
Sólo palabras sueltas o ecolalia
|
Sólo balbuceos, no produce sonidos
|
|
DEPENDENCIA
|
Totalmente independiente para alimentarse, asearse y vestirse
|
Independiente para dos funciones sólamente
|
Independiente para una función
|
Totalmente dependiente para alimentarse, asearse y vestirse
|
|
COMPORTAMIENTOS PERTURBADORES
|
No conductas perturbadoras según se enumera en 4
|
Un indico de comportamiento perturbador según se enumera
en 4
|
Dos índices de comportamiento perturbador, según
se enumera en 4
|
Trastornos graves del sueño: necesita vigilancia completa
todo el tiempo que esté despierto: Se comporta en público
de forma tal que es difícil sacarlo
|
|
TRASTORNO PSIQUÁTRICO
|
No trastorno
|
Comportamiento debido sólo a retraso en el desarrollo
|
Comportamiento "Autista o Hiperquinético"
|
"Autista" o "Hiperquinético menos uno de
los dos; más agresividad
|
|
TOTAL PROBLEMA
|
Puntuación 3
|
Puntuación 4-6
|
Puntuación 7-9
|
Puntuación 10-12
|
.
* Total problema de manejo: Suma de puntos de los apartados dependencia,
comporta- mientos perturbadores y trastorno psiquiátrico.
RESULTADOS Y ANALISIS
En el cuadro 2 figura el número de niños en el estudio
clasificados, según los distintos apartados enumerados en el cuadro
1.
CUADRO 2
Resultados a los 5 años para los 88 niños con Esclerosis
Tuberosa.
| FACTOR |
CODIGO 1 |
CODIGO 2 |
CODIGO 3 |
CODIGO 4 |
| ESCOLARIDAD |
15 (17%) |
4 (5%) |
28 (32%) |
41 (47%) |
| DESARROLLO |
59 (67%)Motor |
14 (16%) |
4(5%) |
11(12%) |
| DESARROLLO |
16 (18%) del lenguaje |
4 (5%) |
14 (16%) |
54 (61%) |
| DEPENDENCIA |
19 (22%) |
17 (19%) |
|
34 (39%) |
| COMPORTAMIENTO PERTURBADOR |
22 (25%) |
29 (23%) |
13 (15%) |
33 (37%) |
| TRASTORNO PSIQUIÁTRICO |
10 (11%) |
17 (19%) |
21 (24%) |
40 (45%) |
| TOTAL PROBLEMA DE MANEJO |
7 (8%) |
12 (13%) |
34 (39%) |
35 (40%) |
EPILEPSIA
Epilepsia en el año anterior 64 (73%)
Sin epilepsia en el año anterior 24 (27%)
DESARROLLO MENTAL GENERAL: El 78% de los niños de este estudio
que tuvieron dificultades graves de aprendizaje es un porcentaje mucho
más alto que el 48% detecta- do por el DR. GOMEZ en 1988 en los
pacientes que acudieron a la Clínica Mayo. En un estudio de la
población de casos de E.T. en la región de Oxford (Hunt
y Lindenbaum 1984), se confirmó que un 53% tenía un déficit
mental severo y un 12% moderado. En un estudio reciente realizado en STRATHCLYDE
se halló que en cifras globales, un 57% de los afectos tenía
una discapacidad mental (Sheperd 1988). Además sólo un 4%
de los niños incluidos en este estudio padecía un déficit
mental mo- derado, lo que constituye un porcentaje reducido, como en el
estudio de Oxford. Esos estudios podrían apuntar a una distribución
diferente, de carácter bimodal, de la inteligencia en la E.T.,
en comparación con la distribución normal de C.I. esperada.
Aunque no se habían realizado muchas valoraciones formales de los
C.I. en los historiales, el hecho de que el 47% esté en clases
de educación especial indica problemas de desarrollo más
profundos en los niños con E.T. que en los que padecen el Síndrome
de Down, que no suelen estar en esas clases. El escaso número de
niños con inteligencia normal refleja la situación de los
primeros tiempos de la T.S.A. cuando las familias que se adherían
a la asociación tenía a menudo hijos con problemas más
graves. Habida cuenta del alto porcentaje de niños gravemente afectados,
hay que considerar los demás resultados más como una descripción
de los problemas del grupo que como una descripción de la E.T.en
conjunto. No obstante, ello no resta validez a los resultados, pues los
padres de este grupo son justamente los que no están recibiendo
la ayuda que necesitan para sus problemas actuales.
CAPACIDADES MOTORAS: La mayoría de los niños, sorprendentemente
tenían un desarrollo de la motricidad grosera normal, aunque tantos
estaban en clases de asistencia especial. Cincuenta y nueve niños
( 67% ) podían correr y andar ( código 1 ) y 14 (16%) caminaban
de forma insegura y no podían correr ( código 2 ). Los 15
restantes no podían andar, con 11 niños ( 13% ) incluido
en el código 4, ya que no tenían movilidad propia. Nueve
de esos 11 niños con mayor déficit físico eran niñas.
CAPACIDAD LINGUISTICA: A diferencia de la movilidad, la mayoría
de los niños disponían a los 5 años de una capacidad
de comunicación mínima.Dieciséis ( 18% ) tenían
un lenguaje normal para su edad ( código 1 ) y 4 ( 5% ) se comunicaban
por frases dotadas de sentido aunque no gramaticales ( código 2
). Catorce niños ( 16% ) utilizaban frases ecolálicas o
palabras sueltas en plan de " etiquetas " (código 3 ),
pero la mayoría de 54 niños ( 61% ) sólo mostraban
un balbuceo sin sentido o carecían por completo de expresión,
llegando incluso al extremo de no llorar o no reír ( código
4 ). Como cabría esperar, el 93% de los niños en las clases
de asistencia especial, no tenían lenguaje frente el 57% de los
niños en las clases normales de las escuelas de educación
especial severa.
DEPENDENCIA: Este aspecto mide la carga suplementaria de asistencia física
para las familias, en especial para las madres, que ven su jornada organizada,
en gran parte, en torno a la alimentación, aseo y vestir a sus
hijos, aptitudes en que los niños de 5 años suelen ser independientes.
Había 19 niños ( 22% ) que eran independientes en estos
3 apartados y 17 (19%) que eran independientes en 2, por lo general alimentación
y aseo. Otros 17 ( 19% ) sólo cuentan con una aptitud, por lo general
la autoalimentación, aunque sea con cuchara. Sin embargo, 35 (40%)
dependen totalmente de los demás para sus cuidado ( código
4 ).
COMPORTAMIENTOS PERTURBADORES: No es sólo que el tiempo de la
familia quede absorbido por la asistencia física, sino que los
padres de los niños con E.T. ven a menudo su energía absorbida
por el comportamiento de ellos. Veintidós niños (25%) no
mostraban conductas perturbadoras ( código 1 ), pero 20 (23%) tenían
o bien un trastorno grave del sueño o exigían una vigilancia
continua durante el día, debido a su con- ducta imprevisible, o
era difícil sacarlos a la calle, ya que no eran conscientes del
peligro o tenían conductas antisociales, tales como gritos continuos
o echar mano de los objetos que les interesaban. Trece niños (15%)
mostraban dos tipos de comportamiento de esa índole y 33 (37%)
tenían todos esos tipos que afectaban a la vida de la familia (
código 4 ). Pero no sólo se afecta la vida familiar sino
también la vida escolar y el 67% en aulas especiales mostraban
conductas perturbadoras frente al 39% en clases normales de ESN(S). Los
niños que obtuvieron la puntuación más alta ( código
4 ) por comportamiento perturbador, eran fundamentalmente móviles
(94%) pero sólo decían palabras sueltas o tenían
menos capacidad lingüística (94%). Como era de esperar, 91%
estaban en escuelas ESN(S), pero dos estaban en escuelas ESN(M) y uno
en una clase normal, con 5 años, de modo que no son sólo
los niños con un retraso grave en el desarrollo los que necesitan
una vigilancia constante, por su conducta, cuando son jóvenes.
TRASTORNOS PSIQUIATRICOS: A los 5 años, 10 niños (11%)
no mostraban trastorno psiquiátrico alguno ( código 1 )
y otros 17 (19%) sólo tenían conductas desordenadas atribuibles
a un retraso en el desarrollo. En un Boletín anterior figuran los
criterios estrictos para evaluar la conducta autista. Veintiún
niños (24%) eran autistas o hiperac- tivos ( código 3 )
y 40 (45%) eran simultáneamente autista e hiperactivo o mostraban
un comportamiento agresivo en cualquiera de esos dos trastornos ( código
4 ). Así que queda claro que los dos trastornos globales más
severos de conducta en la infancia - autismo e hiperactividad se daban
corrientemente en esta muestra de niños con E.T. La mitad de los
niños con E.T. y dificultades graves de aprendizaje serán
autistas ( Hunt y Dennis, 1987 ) y necesitarán, por tanto, un planteamiento
educativo distinto al de la mayoría de los niños en escuelas
especiales. En este estudio, 78% de esos niños es- ban en aulas
de asistencia especial, probablemente debido a su comportamiento perturbador,
más que a su inmovilidad física. Hay muy pocas instalaciones
de enseñanza especializada para los niños autistas en general,
el 75% de los cuales serán discapacitados mentales ( Bryson, Clark
y Smith, 1988 ) y el 40% tendrán un retraso profundo ( Rutter y
Lockyer ). La mayoría de los niños autistas con graves dificultades
de aprendizaje, están en escuelas normales ESN(S) y no en aulas
especiales para autistas. No cabe asumir que los niños autistas
aprenderán de actividades " lúdicas " sin estructurar
o que podrán participar en actividades de grupo. Como niños
autistas, los que están incluidos en este grupo con E.T. necesitan
experiencias muy estructuradas y repetitivas que les permitan aprender
y probablemente no se beneficien de gran parte del enfoque actual estilo
" jardín de infancia " de la enseñanza a los jóvenes
con dificultades graves de aprendizaje.
EPILEPSIA: Esos problemas de conducta y dependencia se plantean sobre
un fondo de crisis epilépticas ya que sólo 24 (27%) de los
88 niños no tenían crisis epilépticas entre los 4
y 5 años. Los 64 niños restantes (73%) tuvieron crisis a
lo largo del año, oscilando entre ausencias atípicas ocasionales
y varias crisis tónico-clónico generalizadas y atónicas
o mioclónicas al día. Todos los niños con retraso
en el desarrollo, incluidos en este estudio, padecieron crisis en algún
momento de los 5 años anteriores y los 4 niños sin crisis
tenían una inteligencia normal. Siete de los 15 niños en
escuelas generales, seguían teniendo crisis epilépticas.
Los espasmos infantiles en la E.T. no provocan automáticamente
un retraso en el desarrollo y aunque el 88% de los niños en aulas
de educación especial habían padecido espasmos infantiles
y el 82% de los niños en clases normales, casi la mitad (47%) de
los niños en escuelas normales, habían tenido también
espasmos infantiles y dos de esos niños no tenían una epilepsía
concurrente. La epilepsía en la E.T. debe reflejar la patología
subyacente porque si el retraso en el desarrollo se debiera exclusivamente
a una epilepsía concurrente en la E.T., no habría niños
con epilepsía en las escuelas normales. Algunos niños en
escuelas normales a los 5 años están catalogados como hiperactivos,
con poco tiempo de atención y ésto puede desembocar en dificultades
de aprendizaje cuando las técnicas de enseñanza se van haciendo
más estructuradas a medida que pasa el tiempo. Aunque se daban
crisis epilépticas en más de dos tercios de los niños
de cinco años con E.T., no eran más frecuentes en niños
con E.T. en aulas de asistencia especial, si se comparan con aulas normales
de escuelas ESN(S). Pero sí se daban más frecuentemente
que en otros niños con déficit mental, entre los que el
50% de los que padecen un retraso mental profundo (C.I. menor de 20) tienen,
por lo general, una historia de crisis lar- guísima ( Corbett,
1985 ), tasa que cae al 23% en los que tienen un C.I. de 35-50. La epilepsía,
por tanto, es un factor añadido a la totalidad de problemas que
afrontan los niños con déficit mental y E.T., ya que las
crisis y la medicación antiepiléptica tienen repercusiones
en su comportamiento y dificultades de aprendizaje. Esos niños
y sus cuidadores necesitan probablemente toda su vida asesoramiento de
pediatras y neurólogos para ir adaptando la medicación al
desarrollo.
PROBLEMAS TOTALES DE MANEJO: Los códigos de manejo total dan una
cierta indicación de la carga de asistencia que representa cada
niño. Un 79% de los niños incluidos en el estudio suponen
un problema total de manejo grave o muy grave ( código 3 o 4 )
y ocasionan, por tanto, problemas muy acusados a los padres. Los 35 niños
(40%) con la puntuación más elevada eran los que ofrecían
un comportamiento hiperactivo y autista o agresivo que perturbaba la vida
durante el día y provocaba problemas de sueño por la noche,
y que seguían necesitando que se les vistiera, lavara y alimentara
a los 5 años. En un grupo de 26 niños, esos problemas se
superponían a un panorama de crisis y 34 habían sufrido
espasmos infantiles en el primer año de vida. 69% de esos niños
estaban en aulas de atención especial, pero sólo el 6% no
podía andar y el 83% carecía de lenguaje identificable.
Quine y Palh (1985) estudiaron el estrés en las familias con niños
afectados de un déficit mental severo. Hallaron que la falta de
movilidad, la continencia, la capacidad de comunicación y autoasistencia
en los niños no alteraban de modo significativo la puntuación
obtenida por los padres en la Escala de Malestar. Sin embargo, los trastornos
de conducta producían puntuaciones elevadas de malestar, así
como las dificultades para mantener al niño ocupado, los niños
que eran difíciles de manejar y, en especial, el hecho de que los
padres pudieran dormir lo suficiente por la noche. En ese estudio se han
codificado parcelas similares de problemas de gestión y en la vida
real esos problemas deben provocar, por tanto, un gran estrés a
los padres. Clements, Wing y Gould (1986) encontraron que el niño
discapacitado que es muy activo durante el día y que necesita una
atención constante por su conducta imprevisible, es en muchos casos
el mismo niño que no se echa a dormir o que se despierta y se pasea
por la casa en la mitad de la noche. Cuando como ocurre en la E.T., esos
comportamientos se asocian al autismo o a la hi- peractividad por lesiones
cerebrales orgánicas, no son asequibles para los programas de modificación
de conducta. Los niños con necesidades especiales sólo pueden
ser ayudados si se reconocen sus necesidades específicas. Quizá
no sirva para el niño o sus padres el limitarse a repetir las afirmaciones
generales sobre la conducta de los niños discapacitados. La mayoría
de los niños con síndrome de Down a los 5 años serán
móviles, y dispondrán de algún lenguaje comunicativo.
Se habrán establecido, probablemente, aptitudes de alimentación
y conti- nencia así como pautas regulares de sueño. El tiempo
de concentración irá en aumento y los niños serán
conscientes de que están en sociedad, de modo que los problemas
serán de carácter de trastornos de la conducta manipulativa.
Tales niños estarán en clases normales en escuelas D.E.A.
( dificultades especiales de aprendizaje ) y plantearán problemas
leves o moderados de manejo (Gath,1978). En cambio, más de la mitad
de los niños con discapacidad mental severa y E.T.en este estudio
tenían plena movilidad, pero carecían de lenguaje a los
5 años. La mitad seguía necesitando que se les alimentara,
vistiera y aseara y no se habían estable- cido pautas regulares
de sueño. Durante el día eran hiperactivos y su conducta
autista era socialmente inaceptable e imprevisible, por lo que se requería
la vigilancia por parte de sus cuidadores, tanto dentro de casa como en
público. También era necesaria la vigilancia a causa de
sus crisis. Estaban en aulas de asistencia especial en la escuela y planteaban
problemas de manejo de carácter moderado a severo. Aunque haya
tantos niños con problemas de comunicación y conducta, no
hay que dar por sentado que esos problemas son el pronóstico automático
de un bebé con E.T. Incluso entre los niños autistas con
deficiencias más severas, el 20% tenían pocas conductas
que perturbaran la vida en su derredor. Puede ser bastante factible integrar
a esos niños en escuelas normales con recursos suplementarios adecuados.
Pero es evidente que, sobre la base de los resultados hallados a los 5
años, muchos de los niños con E.T. supondrá un reto
para las actividades de integración y asistencia comunitaria y
ese reto irá en aumento a medida que crezcan y se vayan haciendo
adultos. Ello se debe, en parte, al costo de los recursos que habrá
de aportar la comunidad. Si el comportamiento problemático del
niño no es un comportamiento consciente, el auténtico desafío
no es interpersonal entre el niño y su cuidador, sino social, de
una persona con necesidades muy especiales para la sociedad. La educación
especial habrá de proporcionar un alto nivel de enseñanza
unipersonal si no queremos que el niño esté tirado todo
el día. Será preciso recurrir a la logopedia para introducir
técnicas de comunicación. Los psicólogos y psiquiatras
habrán de asesorar, aconsejar y apoyar a los padres sin sugerirles
que la conducta del niño es fruto exclusivamente de las tensiones
familiares, pero reconociendo que puede agravarse por el estrés
provocado por el niño. Aunque estos padres sean los que más
necesitan un respiro en el cuidado de sus hijos, éstos son los
niños a los que más difícil resulta prestar asistencia
ya que no suelen ser aceptables para los padres sustitutos. A medida que
van creciendo, su conducta se va apartando más y más de
las de sus congéneres discapacitados pero sociables, de forma que
se requiere personal de asistencia suplementario en los centros de día
y residencias. Esos niños con E.T. y sus familias necesitan más
respaldo aún del que se les ofrece a la gente corriente con déficit
mental si queremos que formen parte completa de la comunidad.
|